13 enero, 2018 Cinemateca Nacional 0Comment

Fue David Griffith el que nos acostumbró a que las buenas películas siempre tienen un desenlace, y hoy sábado trece de enero de 2018 se ha reiterado esta máxima con el fallecimiento del cineasta venezolano Diego Rísquez. Este pintor, que tuvo pantallas como lienzos y cámaras como pinceles, cambió de paisaje seguro de encontrarse con nuevos escenarios que definir como autor experimental.

Diego Rísquez Cupello (15 de diciembre de 1949, Juan Griego), un comunicador nato que jamás desestimó el impacto social que tiene la creación artística, como Director se destacó por exaltar la teatralidad y el lenguaje plástico de una manera tan natural que se traducía en colores, luces, trazos y nebulosas sensoriales en lo que sin él era una selva inhóspita y a la cual le hizo una radiografía de naturaleza viva.

Filmografía: Un discurso coherente lleno de magia y colorido

 Si hablamos del trabajo de Diego Rísquez A propósito del hombre (1979), podríamos afirmar que ante El misterioso secuestro de las gafas negras (1973), hoy tendremos que acudir nuevamente a El entierro de los valores (1970), especialmente a uno de los valores más distintivos del cine venezolano.

Su legado se transfigura en un  Poema para ser leído bajo el agua (1977), dada su cualidad de generar vida y componer todos los espacios de forma preponderante. Cómo no hacerlo si a partir del teatro y las artes plásticas se estableció un propósito en el cine, por ello creó A propósito de Simón Bolívar (1976), A propósito de la luz tropikal (1978) y a propósito del futuro de una industria que se caracterice por la magia que genere, pero fundamentalmente por la realidad que ocasione.

Ahora que Amérika, tierra incógnita (1988) se debate entre la posibilidad de crear un nuevo Boom Latinoamericano o sucumbir a las fórmulas y estéticas angloparlantes, cada rincón de nuestra tierra proyecta el impulso que le otorgó Rísquez a lo nuestro desde Bolívar, sinfonía tropikal (1979), Orinoko, nuevo mundo (1984) hasta explorar el Karibe con tempo (1994). Cartógrafo impresionista de Venezuela, su travesía lo llevó a rescatar las memorias de Manuela Sáenz (2000), de Francisco de Miranda (2006), de Reverón  (2011) y hasta de Felipe Pirela, El malquerido (2015), que curiosamente se convirtió en la película que, cerrando su galería, puede asegurarnos que Diego Rísquez es y será uno de los cineastas más queridos en Venezuela.

En nombre del Ministerio del Poder Popular para la Cultura y de sus entes adscritos que forman parte de la Plataforma del Cine, vayan nuestras palabras de reconocimiento a tu obra para que tu alma vuele junto a los tuyos, los personajes que rememoraste y los que creaste.

Gracias mil gracias.

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